facebook twitter

Historia de las Bibliotecas




La Edad Antigua

La Edad Media

Siglos XV y XVI

Siglo XVII

El Siglo XVIII

El Siglo XIX


Historia de las Bibliotecas


SIGLO XIX


El rasgo más característico del siglo es la aparición de las bibliotecas públicas en los países anglosajones, Estados Unidos e Inglaterra fundamentalmente con la intención de favorecer a las clases sociales menos pudientes, tanto para su formación profesional como moral. Aparecen nuevos lectores ajenos a las familias ricas, científicos y eclesiásticos. Las tiradas aumentan y se obligan a cambiar las máquinas de los viejos talleres de impresión. Frente a las bibliotecas parroquiales ahora se dan los mechanics institutes el primero de los cuales se funda en Glasgow donde se daban charlas a los obreros explicándoles nociones científicas de interes para los obreros, además de clases propiamente dichas. Gracias a ésto, se fueron formando pequeñas colecciones de libros que en ocasiones fueron el germen de importantes bibliotecas.

En Estados Unidos la primera biblioteca pública se fundo en Peterborough en 1833 y en 1854 en Boston se creó la primera gratuita. Hay que incidir en la escased de libros existentes en las colonias americanas, así que en ocasiones su creación no fue tarea fácil.

El mayor benefactor de las bibliotecas fue Andrew Carnegie, dominador de la industria del acero que donó la friolera de 56 millones de dólares (de la época, principios del siglo XX) para la construcción de 2.509 bibliotecas en paises de habla inglesa.En la obar “El evangelio de la riqueza” expuso sus ideas, que a ojos de hoy, podrían parecer a muchos disparatada: “El hombre rico devía vivir sin lujos y el exceso de sus ganancias emplearlo en la promoción y felicidad del hombre común”. Se consideraba distrubuidor de la riqueza, pero no su dueño. A cambio de la biblioteca, la ciudad debía comprometerse a contribuir a su mantenimiento. Aunque el boom americano empezó después de la Guerra de Secesión (1861-65), este espectacular crecimiento no se entendería sin la figura de Andrew Carnegie.


La Biblioteca del Congreso:

biblioteca congreso

La biblioteca surgió con el siglo XIX cuando el Congreso americano se estableció en la ciudad de Washington. Al comienzo en una habitación, contaba con 3.000 volúmenes en 1814. Tras su incendio por las tropas británicas, se rehizo con los fondos del presidente Jefferson a cambio de $23.950 -6.500 volúmenes-

Durante la década de 1850 el bibliotecario Charles Coffin Jewett de la Smithsonian Institution's agresivamente trató de mover esa organización para convertirse en la "Biblioteca Nacional de los Estados Unidos". Sus esfuerzos fueron bloqueados por el Secretario del Smithsonian Joseph Henry, que abogó por un enfoque en la investigación científica y la publicación y a favor de la Biblioteca del Congreso de desarrollo en la Biblioteca Nacional. Henry despidió a Jewett en julio de 1854, terminando con los intentos del Smithsonian de convertirse en la Biblioteca Nacional, y en 1866 Henry transfirió del Smithsonian's 40.000 volúmenes de la biblioteca a la Biblioteca del Congreso.

El 24 de diciembre de 1851 el mayor incendio de la Biblioteca en la historia destruyó 35.000 libros, aproximadamente dos tercios de sus fondos (colección de 55.000 libros), entre ellos dos terceras partes de la donación original de Jefferson. Rápidamente en 1852 el Congreso consignó $ 168.700 para reemplazar la pérdida de libros pero no para la adquisición de nuevos materiales.

La Biblioteca del Congreso reafirmó durante la segunda mitad del siglo XIX en virtud del Bibliotecario Ainsworth Rand Spofford, que dirigió la Biblioteca de 1865 a 1897. En 1865 contaba ya con 82.000 volúmenes 7 empleados y luego, ayudado por una expansión global del gobierno federal y un clima político favorable, Spofford construyó un amplio apoyo bipartidista para la biblioteca como una biblioteca nacional y con un recurso legislativo, se inició la recopilación exhaustiva de autores americanos de cualquier materia , y llevado a la construcción de un nuevo edificio para albergar a la Biblioteca, y transformó el puesto de bibliotecario del Congreso en una posición de fortaleza e independencia.

Entre 1865 y 1870, el Congreso consignó fondos para la construcción del Edificio Thomas Jefferson, colocados todos los derechos de autor de registro y depósito de actividades en el marco de control de la Biblioteca, y restaurada la Biblioteca del intercambio internacional del libro. La Biblioteca adquirió también la gran bibliotecas del Smithsoniano y del historiador Peter Force, el fortalecimiento significativo de sus colecciones científicas y las colecciones Americana. En 1876, la Biblioteca del Congreso de 300.000 volúmenes, estaba vinculada con la Biblioteca Pública de Boston como la biblioteca más grande de la nación. Cuando la biblioteca se trasladó desde el edificio del Capitolio para su nueva sede en 1897, había más de 840.000 volúmenes, el 40% de las cuales habían sido adquiridos a través de depósito de derechos de autor.

La colección de la Biblioteca del Congreso incluye más de 30 millones de libros en 470 idiomas, más de 61 millones de manuscritos y la colección más grande de libros raros y valiosos, incluyendo una de las únicas cuatro copias en perfecto estado de la Biblia de Gutenberg, y el borrador de la Declaración de Independencia.

A la vez que la Biblioteca del Congreso, existen dos bibliotecas complementarias que reciben el nombre de nacionales. Por un lado la Biblioteca Nacional de Medicina en Behesda fundada en 1836 que cuenta acutalmente con 2 millones de volúmenes y la National Agricultural Library fundada en 1862 con un fondo similar a la anterior especializada en materias agrarias y científicas.


Las bibliotecas en Rusia

Las más importantes son dos. Por un lado la Pública e Imperial de San Petersburgo, fundada a finales del XIX cuando Catalina la Grande quiso fundar una gran biblioteca a base de libros incautados por las tropas rusas en Varsovia. Pronto compraron distintas colecciones nacionales que se sumaron a los 250.000 que trajeron de Varsovia. Tras la Revolución Soviética, se sumaron a sus fondos varios millones de obras procedentes de bibliotecas incautadas. En la actualidad posee 20 millones de piezas entre las que figuran 5.000 incunables.

Por otro lado tenemos la Biblioteca Nacional de Moscú que abrió en 1862 como parte del museo fundado por el conde Rumiantsev. Gozó pronto de depósito legar lo cual le permitió aumentar sus fondos además de conseguir importantes donaciones de escritores y científicos rusos como Tolstoi, Dostoievski, Chejov o Medeleyev. Actualmente tiene 30 millones de libros.


Las bibliotecas en Iberoamérica:

En Iberoamérica las bibliotecas se forman con fondos procedentes de las misiones jesuitas que abandonan la zona a finales del siglo XVIII. En Argentina La Biblioteca Nacional fue creada por un decreto de la Primera Junta el 13 de septiembre de 1810, bajo el nombre de Biblioteca Pública de Buenos Aires. En 1823 la biblioteca contaba con más de 17.000 volúmenes y en 1893 la Biblioteca ya contaba con 62.707 volúmenes, entre ellos 21 incunables.

En Perú, en 1821 el general don José de San Martín y Matorras fundó en Lima la "Biblioteca Nacional del Perú" con donando 700 libros de su propiedad. El 10 de marzo de 1881, tras la entrada y ocupación de Lima por parte del ejército chileno durante la Guerra del Pacífico, se saquea la Biblioteca, aunque muchos de sus libros se abandonan en el camino de regreso pasando a propiedad de particulares.

La Biblioteca Nacional de Mexico fue fundada el 30 de noviembre de 1867 por el entonces presidente Benito Juárez, quien por decreto estableció definitivamente su sede en el templo de San Agustín. La biblioteca fue inaugurada el 2 de abril de 1884 y abrió sus puertas con aproximadamente 91 mil volúmenes.


biblioteca nacional de brasil

Pero la más importante de iberoamérica es la de Brasil, que actualmente contiene unos 8 millones de títulos. Su historia comienza con el terremoto de Lisboa de 1755. Tras este, el entonces rey de Portugal José I y el primer ministro, el Marqués de Pompal, comenzaron a juntar lo que quedó de la Real Biblioteca y lo llevaron para organizar, en el Palácio da Ajuda (Palacio de Ayuda), una nueva biblioteca que rápidamente se tornó importante por el acervo que recopiló, en 1807, de alrededor 60,000 piezas, entre libros, manuscritos, incunables, mapas, monedas y medallas. Este acervo fue traído a Brasil después de la llegada de la familia real en 1808 como resultado de la invasión a Portugal por parte del Ejército francés comandado por Napoleón Bonaparte.

Tras la Independencia de Brasil en 1822, paso a ser propiedad del Imperio de Brasil, después de la compra que quedó constatada en el Tratado de Amizade e Aliança (Tratado de Amistad y Alianza) firmado entre Brasil e Portugal el 29 de agosto de 1825. Por los bienes dejados a Brasil la Familia Real fue indemnizada por la suma de dos millones de libras esterlinas y, de esa cantidad, ochocientos contos de réis fueron destinados para el pago de la Biblioteca, que pasó a ser nombrada como la Biblioteca Imperial e Pública da Corte.



La Biblioteca de Cortes:

Tras la Revolución Francesa y el consiguiente saqueo de las bibliotecas españolas por tropas francesas e inglesas (se cree que se destruyeron o desmantelaron 2.000 bibliotecas), entraron en España nuevas ideas sobre la redistribución de los fondos bibliográficos existentes en los viejos monasterios. Bartolomé José Gallardo es nombrado bibliotecario de la nueva Biblioteca de Cortes que empezó con fondos sacados de dos bibliotecas de Cádiz, la de Guardias Marinas y la de Medicina y Cirugía. Sus fondos se nutrían de incautaciones pues las Cortes no destinaron fondos para la adquisición de libros. Así, de los 2.000 iniciales pasaron a 10.000 la mayoria apresados a súbditos franceses o españoles afrancesados. Consiguió de las Cortes la aprobación del Reglamento de Bibliotecas Provinciales por la que cada capital debía contar con una de ellas.

En 1814, restablecido Fernando VII en el trono, la Biblioteca fue disuelta y Gallardo huyó de España junto a otros liberales y de Lisboa pasó a Bristol y desde allí a Londres. Allí compuso una durísima silva donde juzga a todos los reyes españoles, desde los Católicos hasta Fernando VII, denunciando su mediocridad, crueldad y poco valer y demostrando en esa tarea no escaso conocimiento de la historia de España. Le puso el mismo título que una obra de Manuel José Quintana, El panteón de El Escorial.

En 1820, la sublevación del general Riego implantaba de nuevo el régimen liberal. Se abrieron las Cortes y su Biblioteca a cuyo frente se puso de nuevo Gallardo. Intentó recuperar los antiguos fondos así como comprar nuevas obras. Tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823, finaliza el trienio liberal y la Biblioteca se cierra en 1834. Los fondos se dispersaron, unos quedaron en Cádiz, otros pasaron a la Biblioteca Nacional y otros a la Academia de Historia.


La Biblioteca Nacional de España:

biblioteca nacional

En 1809 Napoleón ordena la demolición de varios edificios de la zona de la Biblioteca Real y sus libros se trasladan apresuradamente al convento de la Trinidad en la calle Atocha. Tras otros traslados, en 1836 La Biblioteca Real cambia su denominación por Biblioteca Nacional y pasa a depender del Gobierno. Se crean las Comisiones científicas y artísticas provinciales para seleccionar las obras que, procedentes de los conventos suprimidos, debían depositarse en las bibliotecas y museos, o ser subastadas. Por esta vía se depositan en la Biblioteca Nacional unos 70.000 volúmenes procedentes de los conventos madrileños afectados por la desamortización

Se siguieron ingresando nuevas donaciones como la de Juan Nicolás Böhl (1849), Agustín Durán (1863), Valentín Carderera (1867) -muy rica en estampas-, Manuel Castellano (1871) -fotografías-, Serafín Estébanez Calderón (1873) -rica en manuscritos- o la riquísima de Pascual Gayangos en 1899, así como otras muchas. Pronto el edificio se quedó pequeño y se eligió un solar de 365.000 metros cuadrados en el paseo de Recoletos. La primera piedra fue colocada el 21 de abrill de 1866. En 1869 Manuel Ruiz Zorrilla, por decreto de 1 de enero, dispuso la incautación de los archivos, bibliotecas y colecciones de arte en poder de catedrales, cabildos, monasterios y órdenes militares, medio por el cual ingresaron en la Biblioteca Nacional obras muy valiosas procedentes de las catedrales de Ávila y Toledo.

El 16 de marzo de 1896 se abre al público la Biblioteca Nacional en su nueva sede. Ocupa la planta principal del edificio con 35 salas y un gran Salón de Lectura con capacidad para 320 lectores. Posteriormente en 1896 y a semejanza de otros muchos países, mediante un real decreto se insiste en la obligatoriedad de entregar un ejemplar de toda obra impresa en España a la Biblioteca Nacional Actualmente consta de 300.000 obras impresas, 4.000 manuscritos, 3.000 obras musicales, 3.500 mapas y 200 grabados.



Bibliografía:

ESCOLAR SOBRINO, Hipólito. Historia de las bibliotecas. 3ª ed, corr., rev. y amp. Salamanca: Fundación Germán Sánchez Ruipérez;Madrid : Pirámide, 1990

DAHL, Svend. Historia del Libro, 2ºEd. Alianza Universidad, 1982.

ESCOLAR SOBRINO, Hipólito. Manual de historia del libro. Madrid: Gredos, 2000.

Biblioteca Nacional de España

Elvia Carreño Velázquez, las bibliotecas antiguas en México.

Wikipedia España.

Imágenes: Wikipedia Commons

Escribir es un ocio laborioso.
Johann W. Goethe.

bullet hover email hover menu arrow