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Historia del libro español:
El siglo XVII




PARTE III: LOS SIGLOS XVII Y XVIII.

Introducción

El libro antiguo en el siglo XVII

El libro antiguo en el siglo XVIII

Joaquin Ibarra

Antonio Sancha


El siglo XVIII

Durante el siglo XVIII sigue vigente el celo de los Borbones por el control de la producción de libros, no sólo mediante la censura o licencias (haciendo por ejemplo, necesaria conseguir una licencia real para publicar libros de autores españoles en castellano) sino que somete a los importados a una tasa. Los libros importados eran mucho más baratos que los producidos en España y les permitía revenderlos con suculentos beneficios. Debido a la presión de los encuadernadores, en 1778 se prohibe la introducción en nuestro país de libros encuadernados a excepción de los que vengan en papel o rústica o bien, con encuadernaciones antiguas.

Wikipedia commons.El rey ilustrado

Por fin, gracias a Carlos III, rey que insufló nuevos aires a España, las cosas comienzan a cambiar. Se suprimen las trabas administrativas, el libro puede ser comercializado libremente y se dan importantes pasos en la protección de los derechos de autor, además de la primera legislación sobre la prensa periódica. Posteriormente Carlos IV sólo permitiría la Gaceta de madrid y el Mercurio Histórico y Político de España.


Finalmente, establece límites a la censura de la Inquisición, enfrentándose con el el Tribunal y con el Santo Oficio. Estableció la “ley de silencio” en torno a la expulsión de los jesuitas, cortando la circulación de impresos tanto a favor como en su contra. Muchos de los fondos de libros antiguos existentes en instituciones iberoamericanas proceden de las importantísimas bibliotecas que éstos tuvieron que abandonar tras su expulsión.

Se impulsan las bibliotecas. El Palacio Arzobispal de Valencia cuenta con más de 32000 volúmenes dejados por los jesuitas, llegando a más de 50.000 a finales de siglo. En Barcelona existen 4 bibliotecas públicas. Madrid cuenta con 12, entre ellas la Biblioteca Real con miles de volúmenes. En lugares tan lejanos de los centros tradicionales de cultura como San Fernando (Cádiz), se fundan importantes bibliotecas. Concretamente la del Real Observatorio que se encuentra en esa ciudad, se considera la segunda biblioteca de carácter científico más importante del país tras la de Salamanca.


La libre competencia, hace que los encuadernadores y libreros se agrupen en “Compañías”, auténticas empresas privadas con capacidad de inversión, como por ejemplo la Compañía de Impresores y Libreros de Madrid, montada como una sociedad por acciones

Aparece la idea de la suscripción anticipada de obras, idea traida de Inglaterra, permitiéndole al lector la compra a plazos anticipados. Aparecen las publicaciones periódicas Así por ejemplo, para su tercera suscripción, en 1788 el Seminario erudito indica ya puntos de venta en Madrid, Barcelona, Cádiz, Málaga y Pamplona

El siglo XVIII trae una renovación en el planteamiento estético de los libros, mezcla de sobriedad, gusto por los detalles decorativos, tipografías renovadas o calidad de los grabados. Es ahora un producto trabajado. La seriedad e investigación, así como el rigor envuelve su elaboración

Los libros son amigos que nunca decepcionan.
Thomas Carlyle.

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